viernes, 15 de julio de 2011

EL REGALO ES LA VIDA

Hoy es un día muy especial, realmente diferente ya que he estado esperando este momento por mucho tiempo, exactamente desde el 1º de abril de 1997, una fecha que no se me borrará jamás.
Recién puedo sentarme a escribir sin que mis ojos se nublen por las lágrimas, sin que un intenso dolor me quiebre en dos, y ese dolor; ese dolor tan abrasador, es del alma.
Sin la ayuda divina del Señor, hoy no podría estar donde me encuentro, sentada frente a este papel, a punto de contarle al mundo entero mi testimonio, mi vida.
Pero antes de comenzar quisiera dedicarle todo este sufrimiento, esta vivencia y este sentimiento tan grande de felicidad que ahora vuelvo a poseer, a personas y seres claves en mi vida.
A los dos seres más fieles que conocí en esta vida terrenal, Ludovico y Rudolf; dos perros boxer que fueron incondicionales y  que puedo decir con toda certeza que fueron mejores que muchos de los que se decían ser nuestros amigos.
Hoy y a pesar de estar a millas de distancia se encuentran presentes en cada momento de nuestras vidas y en lo más profundo de nuestros corazones.
Al amor de mi vida, mi marido Pablo, que en los peores momentos me dió la fortaleza para seguir adelante y a gente tan especial que conocimos como Cazou Stiles, el escritor Gill D’ Orland  y a tanta gente más que puedo asegurar “ me están guiando para hacer este libro y que la verdad salga a luz, a pesar de todo.”
Hoy puedo sentarme a recordar y meditar sobre mi vida, lo que pasó, lo que se pudo cambiar y hasta evitar.

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